
Desperté al celular antes que él lo haga conmigo, volteé la cara y ahí estaba durmiendo, como ocurre desde hace un mes. Me sacudí un poco el sueño (literalmente) porque fue horrible. Estaba parada observando como me abandonaba con su "mujer de la vida" a punto de que se la llevara el viento. Pensaba absurdamente, son congruentes, definitivamente...
Lo desperté para poder alcanzar el celular que aún dormía y se mueve como buscando algo, murmurando un: n.. quier...q... t... vay..s y vuelvo a recostar mi cuerpo al lado de su hedor matutino. Trato de sentir eso genial que describen los poetas pero mi cuerpo no muestra evidencias del amor que debería existir. Me desconcierto, ¿qué hago viviendo esto? Estoy casada sin papeles ni público, hacemos planes juntos: El domingo nos levantaremos tarde ok? y asiente con una sonrisa que provoca mi repugnante sensación de dulzura, en un acto reflejo lo atrapo extensamente entre mis extremidades y le susurro: eres la cosa mas dulce... Lástima que el dulce engorde tanto y que después de consumirlo a bocanadas deba arrepentirme y promover mi abstinencia de él.
Después mil veces: Libérame...libérame...ya pues¡¡¡¡ Y me abandona a mi suerte con ese gesto que me causa tanta risa, tomo aquello de lo que me despojé la noche anterior y me largo, golpeo la puerta sin intención o quizás es mi conciencia diciendo: DESPIERTA TARADA... no pido disculpas, más me retraigo un poco y lo espío arrollado entre sus nuevas frazadas, repitiendo la escena de él hace un día, cuando observó por la puerta entreabierta mientras yo lo hacía por la rendija de mi ojo rogándole: No lo hagas, No lo hagas¡¡¡...
¿Cuánto aire podré guardar en mi bolsa de látex? ¿Cuánto más aguantará sin que explote esparciendo trozos de nuestras vidas por todo el bosque de enanitos locos? No quiero errar, pero estoy sintiendo que estamos creando la tercera bomba atómica y el único destino es nuestro hogar... estoy totalmente aterrada y aunque consuma quinientos vasos de agua con azúcar no lograré calmarme, lo sé, es como lo que se siente antes de mentir cuando se es niño o como tomar las cerezas del árbol del vecino que tiene un perro gigante en el patio aguardando nuestro pié en falso, una caída. Pero al final igual se cruza el umbral de lo prohibido, nos acostumbramos a la sensación, asumimos que podemos prever pero no evitar y esperaremos pacientemente a que la vida se nos haga mierda si es necesario, finalmente siempre existe la posibilidad de ocupar nuestro tiempo en la restauración de los cimientos vividos.
Lo desperté para poder alcanzar el celular que aún dormía y se mueve como buscando algo, murmurando un: n.. quier...q... t... vay..s y vuelvo a recostar mi cuerpo al lado de su hedor matutino. Trato de sentir eso genial que describen los poetas pero mi cuerpo no muestra evidencias del amor que debería existir. Me desconcierto, ¿qué hago viviendo esto? Estoy casada sin papeles ni público, hacemos planes juntos: El domingo nos levantaremos tarde ok? y asiente con una sonrisa que provoca mi repugnante sensación de dulzura, en un acto reflejo lo atrapo extensamente entre mis extremidades y le susurro: eres la cosa mas dulce... Lástima que el dulce engorde tanto y que después de consumirlo a bocanadas deba arrepentirme y promover mi abstinencia de él.
Después mil veces: Libérame...libérame...ya pues¡¡¡¡ Y me abandona a mi suerte con ese gesto que me causa tanta risa, tomo aquello de lo que me despojé la noche anterior y me largo, golpeo la puerta sin intención o quizás es mi conciencia diciendo: DESPIERTA TARADA... no pido disculpas, más me retraigo un poco y lo espío arrollado entre sus nuevas frazadas, repitiendo la escena de él hace un día, cuando observó por la puerta entreabierta mientras yo lo hacía por la rendija de mi ojo rogándole: No lo hagas, No lo hagas¡¡¡...
¿Cuánto aire podré guardar en mi bolsa de látex? ¿Cuánto más aguantará sin que explote esparciendo trozos de nuestras vidas por todo el bosque de enanitos locos? No quiero errar, pero estoy sintiendo que estamos creando la tercera bomba atómica y el único destino es nuestro hogar... estoy totalmente aterrada y aunque consuma quinientos vasos de agua con azúcar no lograré calmarme, lo sé, es como lo que se siente antes de mentir cuando se es niño o como tomar las cerezas del árbol del vecino que tiene un perro gigante en el patio aguardando nuestro pié en falso, una caída. Pero al final igual se cruza el umbral de lo prohibido, nos acostumbramos a la sensación, asumimos que podemos prever pero no evitar y esperaremos pacientemente a que la vida se nos haga mierda si es necesario, finalmente siempre existe la posibilidad de ocupar nuestro tiempo en la restauración de los cimientos vividos.